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6 de febrero de 2026

Liderazgo vecinal y memoria del cerro: la historia de una dirigenta de El Santo

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Tomé, 06 de febrero de 2026. En Tomé, Susana Rosa Basualto Morales (63) es una de las vecinas históricas del sector 3 del barrio El Santo. Su vida está profundamente ligada al cerro, a sus transformaciones y a la lucha silenciosa de generaciones que, con esfuerzo y organización, han construido comunidad en condiciones muchas veces adversas.

Sentada tranquilamente en el comedor de su casa, rodeada de cuadros y antiguas fotografías impresas en papel brillante, Susana repasa su historia en el barrio que, literalmente, la vio nacer.

“Soy nacida en El Santo, no en el hospital”, dice de inmediato, mientras ordena con calma una veintena de fotos sobre la mesa, intentando darles un orden cronológico. “Una partera venía desde el Cerro Estanque a atender los partos. A mí me trajo al mundo una vecina, la señora Marta, que falleció hace poco”, recuerda con voz suave y emoción contenida.

Su casa estaba ubicada en el sector de Los Almendros, frente a la sede comunitaria, en un lugar conocido como “la posta”, donde antiguamente funcionaba un recinto de salud. “Ahí había canchas, se hacían muchos partidos y venía gente de todas partes a jugar. Éramos pocas familias, pero tengo recuerdos muy lindos”, comenta. Aunque vivió un tiempo en el Cerro Estanque, regresó pronto al barrio que siempre sintió como propio.

Susana recuerda que, en los primeros años, no fueron muchas las familias que se atrevieron a habitar el cerro y levantar sus hogares en condiciones muy complejas.

“Hemos pasado por muchas etapas y crisis, como cualquier chileno, pero siempre se puede salir adelante”, reflexiona. Terminó sus estudios de noche en el Liceo Vicente Palacios y, en la década de los 80, comenzó a trabajar en la pesquera Camanchaca, en plena faena del langostino. “Después de eso se me ocurrió casarme”, dice entre risas.

Madre de tres hijos, dos hombres y una mujer, a fines de los años 80 decidió emprender y levantar su propio negocio de provisiones. “Empecé de cero. No había medios para subir la mercadería, así que todo se hacía en carretón, con caballos, bueyes o a pulso. Había mucho sacrificio”, recuerda con nostalgia.

Más allá del trabajo, la vida comunitaria siempre fue central. “No teníamos agua potable en las casas. Había proyectos de llaves en las calles y mucha organización vecinal. Se hacían actividades para el 18, onces de Navidad para los niños, siempre buscando cómo compartir y pasarlo bien. Hubo mucha gente que trabajó de manera silenciosa para lograr lo que hoy tenemos”, destaca.

Hoy, una de sus principales preocupaciones son los niños y niñas del sector. “La Escuela Lisa Peter ha sido un pilar fundamental para nosotros. Que los estudiantes tengan un camino digno para llegar a estudiar es un anhelo compartido por todos”, afirma con convicción.

Reconoce que los avances en el cerro han sido lentos, pero mantiene la esperanza. “Por eso tenemos tantas expectativas puestas en el Programa Quiero Mi Barrio. Antes estábamos rodeados de árboles y vegetación. Necesitamos recuperar áreas verdes, plazas, espacios de encuentro, y también mejorar la locomoción”, señala.

Susana mira su entorno con orgullo y esperanza. “Tenemos una vista privilegiada. Mis nietos son felices cuando vienen al Santo. Soñamos con un mejor lugar para vivir, para nosotros y para las nuevas generaciones”.

En esa línea, la seremi de Vivienda y Urbanismo del Biobío, Claudia Toledo Alarcón, valoró el rol de las vecinas y vecinos en la construcción de comunidad y afirmó que, “las historias de vida de vecinas como Susana Basualto reflejan el corazón del Programa Quiero Mi Barrio: personas que han construido comunidad durante décadas, muchas veces en condiciones complejas, y que hoy siguen soñando con un mejor entorno para las nuevas generaciones. Como Ministerio de Vivienda y Urbanismo, nuestro compromiso es acompañar ese esfuerzo, fortaleciendo la identidad barrial y recuperando espacios públicos que mejoren la calidad de vida de las familias de El Santo”, destacó.

Historias como la de Susana reflejan el espíritu del Programa Quiero Mi Barrio, que pone en valor la memoria, la identidad y el trabajo comunitario de vecinas y vecinos que han sido protagonistas del desarrollo de sus territorios, fortaleciendo el sentido de pertenencia y proyectando barrios más dignos y cohesionados para el futuro.